Provincias canoónicas:

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BEATIFICACIÓN TARRAGONA 2013

¿QUIENES SON?

  «Son testigos de la fe cristiana del siglo XX que supieron vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecución, frecuentemente hasta el testimonio supremo de la sangre. Estos testigos, especialmente los que han afrontado el martirio, son un signo elocuente y grandioso que se nos pide contemplar e imitar. Ellos muestran la vitalidad de la Iglesia; son para ella y para la humanidad como una luz, porque han hecho resplandecer en las tinieblas la Luz de Cristo… Más radicalmente aún, demuestran que el martirio es la encarnación suprema del Evangelio de la esperanza» (Juan Pablo II en Ecclesia in Europa, 13)

Ellas se sentían felices en su vocación. No tenían otro objetivo que gastar su vida como Cristo, haciendo lo que Él hizo: cuidar y enseñar a los niños, curar a los enfermos, socorrer a los necesitados y hacer presente el Reino de Dios Padre en el mundo.

  • Vivían apasionadas por Dios y por los pobres.
  • Su ideal era claro y perceptible: transparentar la bondad de Dios a todas las personas, especialmente a los pobres.
  • Su estilo de vida exigente y atrayente: comunidad de amor que vive en pobreza, castidad y obediencia.
  • La fuente de su alegría: ser seguidoras de Jesucristo viviendo las bienaventuranzas en humildad, sencillez y caridad.
  • Su razón de ser en la Iglesia: continuar la misión de Jesucristo entre los pobres. Este fue el motivo por el que fueron perseguidas.

Aceptaron el martirio serenamente, convencidas de que es el acto supremo de amor a Jesucristo. Tuvieron presentes en su memoria y en su corazón las palabras de Jesús: “Me persiguieron a mí y os perseguirán a vosotros” (Jn 15, 20).
Ellas no buscaron la muerte, no actuaron con imprudencia, simplemente acogieron el martirio como un don de Dios. Cuatro de entre ellas, Sor Josefa Gironés, Sor Lorenza Díaz Bolaños, Sor Martina Vázquez y Sor Josefa Martínez pidieron a Dios la gracia del martirio y de poder acoger este don como expresión de amor total a Jesucristo. Las demás sabían con certeza que dando la vida, no la perdían sino que la ganaban en plenitud. Por eso perdonaron a los perseguidores y no maldijeron a quienes les dieron muerte. Hicieron suya la oración de Jesús: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.
El motivo de su muerte fue la fidelidad a Jesucristo confesada con valentía como bautizadas e Hijas de la Caridad. Todas murieron confesando su fe en el Señor Jesús, con un acto de fe salido del corazón: “Viva Cristo Rey”. Antes de morir perdonaron a sus enemigos y pusieron su vida en manos de Dios Padre como Jesús, rezando el Padrenuestro. Ante el miedo a morir de algunas, las otras les animaron a dar la vida por la Fe en Jesucristo, impulsadas por la fuerza del Espíritu Santo.
Las veintisiete hermanas mártires y la Hija de María que las acompañó al martirio, serán beatificadas el 13 de octubre en Tarragona con más de 500 mártires de la Fe. Ellas, igual que los demás, son un reflejo nítido de la Luz de Cristo resucitado, muestran la fuerza del
Espíritu en su vida y en su muerte y ponen de relieve la vitalidad de la Iglesia en tiempos de persecución y estimulan a confesar la fe con valentía a todos los bautizados.
«Los mártires no quisieron renegar de la propia fe y murieron confesando a Cristo resucitado. ¿Dónde encontraron la fuerza para permanecer fieles? Precisamente en la fe, que nos hace ver más allá de los límites de nuestra mirada humana, más allá de la vida terrena; hace que contemplemos “los cielos abiertos” – como dice san Esteban – y a Cristo vivo a la derecha del Padre»(Papa Francisco, 12.V.2013).